El Espejo principal

domingo, 9 de diciembre de 2012

Bajo el síndrome de Estocolmo

Por Julio A. Louis 



En su audición radial, el presidente José Mujica repasó la relación argentina-uruguaya. “Siempre hubo una sórdida disputa, intereses privados que trataban de ponerle un palo en la rueda al puerto de Montevideo y al revés.” Y sostuvo: “Todos los operativos y tentativas de dragar por acuerdo de las dos naciones son un parto difícil, porque los procesos licitatorios son enormemente difíciles.” Explicó que la negociación para dragar el canal Martín García mediante una empresa mixta “está bastante avanzada” pero “cada vez que se arma bochinche se tranca todo”. Así explica la remoción del delegado del Partido Nacional en la “Comisión Administradora del Río de la Plata”, porque el informe a su partido, que cuestionaba la estrategia de Uruguay, se dio a conocer públicamente. Por ello, otra vez el Senador Heber (Presidente del Directorio del P. Nacional) interpelará al canciller Almagro.




Por su parte, las relaciones bilaterales brasileño-uruguayas dan otro paso adelante. En la reunión presidencial del Mercosur, Dilma Rouseff y Mujica han suscrito un acuerdo de libre circulación de bienes y servicios y un plan de trabajo para facilitar la libre circulación de personas y la complementación productiva.



La presión de la caldera frenteamplista no cesa de aumentar. El Plenario Nacional sancionó al diputado Semproni por negarse a votar la anulación de la Ley de Caducidad. En tanto, el Dr. Tabaré Vázquez sigue su preparada campaña presidencial sin que haya merecido siquiera un tirón de oreja por el reguero de graves violaciones al programa de su fuerza política: decorar un Tratado Bilateral de Inversiones con Estados Unidos, proponer un TLC al que finalmente tuvo que desistir, vetar la Ley de Salud Sexual y Reproductiva, anunciar su disposición a solicitar la ayuda de Bush en el caso de una guerra con Argentina. El ex presidente -premiado con su elección de miembro permanente del Plenario Nacional del Frente Amplio-, anuncia que sumará su voto al de la oposición para plebiscitar la nueva y tibia Ley sobre Salud Sexual y Reproductiva aprobada en las Cámaras, y deja en claro que hará lo que quiera en su eventual elección presidencial. No obstante, lentamente, se prepara una oposición por la izquierda a su candidatura presidencial.



Si estos hechos alarman, tanto más alarma el comunicado oficial sobre el probable Acuerdo Militar entre Uruguay y Estados Unidos, que menciona “el apoyo a operaciones en base”. Hay un proyecto de ley firmado el 12 de noviembre por el Presidente y los Ministros de Relaciones Exteriores, Defensa Nacional y Economía y Finanzas que de aprobarse, entrará en vigencia tras la segunda ratificación y permanecerá hasta que “se denuncie por consentimiento mutuo escrito la intención de no renovarlo”, con lo que cual el país queda maniatado de pies y manos. Este Acuerdo Militar condice con el documento guía del Ministerio de Defensa de Estados Unidos (enero de 2012) “Manteniendo el liderazgo mundial: prioridades para la defensa del siglo XXI”, donde se explicita que se centrará la acción en China y su zona de influencia Asia-Pacífico, para lo cual los países americanos son elegidos como “socios de seguridad”. Para la guerra de los drones que el imperialismo ya implementa, se requiere una vasta infraestructura de pistas para aterrizaje y despegue, por lo que suena alarmante ese mencionado “apoyo a operaciones en base”. La preocupación por el momento alcanza a pequeños círculos. Así, la Fundación Vivian Trías ha organizado tres jornadas en base a la exposición de panelistas sobre el tema “Soberanía y Defensa”. A su vez, el General ®, Pedro Aguerre, preso durante la dictadura, acaba de presentar en el Anexo del Palacio Legislativo, su libro “Hermano, trabajaremos de presos”, donde en los agradecimientos sobresale la siguiente afirmación: “Podrá creerse que es un exceso de cuidados pero teniendo en cuenta la realidad mundial y la tendencia de las preferencias políticas en el país hegemónico del hemisferio, acompañado por las dificultades económicas que sufre el mismo, no se puede considerar como imposible el resurgimiento de intentos extremistas de derecha.”



En fin, el síndrome de Estocolmo –la reacción patológica por la cual las víctimas desarrollan una relación de complicidad con sus victimarios- parece afectar al gobierno uruguayo. Muy grave, por cierto, para el país y para la región.

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