El Espejo principal

domingo, 21 de abril de 2013

Cuestión de nabos

Por Julio A. Louis

Horas antes que el micrófono abierto “quemara” al Pepe Mujica, Presidente de Uruguay, “chamuyando” en su peculiar lenguaje acerca de Cristina Fernández, Presidenta de Argentina y del ex Presidente Néstor Kirchner, este periodista había afirmado en “La necia fórmula o los pingos del Tío Tom” (Semanario “Voces” del 4 de abril) lo siguiente: “El presidente buen tipo, austero, postulado a Premio Nobel de la Paz, pero por momento recontra-nabo, convertido en adalid del retorno del aliado estratégico de Bush (o de Obama), quien con su sola presencia cortará puentes con Argentina y el Mercosur, restablecidos tras mucha dedicación y humildad de Mujica”.


     En efecto, Mujica impulsa la candidatura presidencial de Tabaré Vázquez. Pero lo de la “Vieja” y el “Tuerto” confirmó horas después mi juicio. Porque un Presidente, que además de “chamuye canero” (de la cárcel)  conoce algo de clandestinidad y de infiltrados, debiera actuar siempre como si lo estuvieran gravando  los servicios de inteligencia de todo  enemigo. Se dirá en su defensa, que quien iba a sospechar que el micrófono “quedara abierto” (o lo dejaran abierto). Sin embargo, en el primer número de “Lento” (mensuario de “ladiaria”)  que aparece el primer lunes de cada mes (o sea el 1º.)  Mujica declara a los periodistas: “Tabaré va a volver, yo creo que va a volver. No tengo dudas de que  gana las elecciones. Él no tuvo problemas con Argentina, tuvo problemas con el Tuerto Kirchner, que era bastante baboso. Dios lo tenga en la gloria”. (“Izquierda uruguaya y peronismo”, reportaje de Natalia Uval y Lucas Silva).

      ¿Se convence amigo lector que por momentos es  recontra-nabo? O más precisamente, que padece de incontinencia verbal. Quien les escribe –que pasó una década en la cárcel y que algo conoce del “chamuye canero”- como uruguayo siente vergüenza ajena. Declara que lo votó y lo defendió cuando pocos se atrevían, y que recibió como “espaldarazo” este juicio en el que reconocerá su estilo: “¿En qué termina la cuestión teórica? En los trabajos de Julio Louis; me agarra el catecismo de Marx y se pone a recitarlo… ¡flaco!, no me rompas, te quiero en pila, sos un loco bárbaro, pero ¡no me jodás! Siempre con la misma mursimónica, parecés el viejito del último organito, tocás siempre la misma melodía” (“Pepe coloquios” de Alfredo García).

      Sin dudas es más importante (aunque sea menos “noticia”) el que varios fiscales recusan y solicitan la renuncia por prejuzgamiento de cuatro de los cinco ministros de la Suprema Corte de Justicia (lo que supondría que deban ser sustituidos mientras no se resuelva el punto), al tiempo que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos critica duramente a Uruguay. O que Uruguay aprobó el matrimonio igualitario con 71 votos en 99 en la Cámara de Representantes. O que se ha formado una Coordinadora Social con los movimientos favorables a la despenalización del aborto, a los colectivos que luchan por la diversidad sexual, a las feministas, a los afro-descendientes, a los partidarios de la legalización de la marihuana, a los defensores del medio ambiente.

     Y sería mucho más importante que argentinos y uruguayos avanzáramos en definiciones acerca de cómo deben relacionarse las naciones de desigual poderío, de cómo afrontar la contaminación, del dragado del canal Martín García o que se discutiera con seriedad  los derechos y la cuestión de las Islas Malvinas. Y que aprendiéramos a defendernos unidos contra la escalada política, militar e ideológica desatada desde Estados Unidos y la Unión Europea. Si lo hiciéramos nuestros pueblos lucharían por el poder y por la hegemonía, y seríamos todos más inteligentes y menos “nabos”.       

Desde Uruguay    

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