El Espejo principal

sábado, 27 de abril de 2013

El escenario político porteño abre grandes posibilidades


Por Itai Hagman


El escenario político porteño abre grandes posibilidades
En la Ciudad de Buenos Aires las distintas expresiones del “progresismo” opositor deciden disputar la base social de la derecha, profundizando así su propia crisis. El kirchnerismo prefiere no pelearle la Ciudad al macrismo, con el que termina por pactar, generando desilusión entre su propia militancia. Se trata de un escenario político que abre grandes posibilidades para el surgimiento de una nueva voz, consecuente en la lucha contra las corporaciones y la derecha, alejada de los cacerolazos conservadores y anclada en la construcción de poder popular. 
2013 es un año electoral, pero no de cualquier elección. Sin lugar a dudas es el comienzo de la discusión del país de cara al 2015, cuando se cumplirán doce años de gobierno del proyecto hegemónico hoy en la Argentina, el kirchnerismo. Se hace inevitable la construcción de un balance y también la evaluación de las distintas alternativas existentes. Por eso la militancia popular debate, y lo hace intensamente.
Polarización política y crisis de representatividad
En los grandes centros urbanos y sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, un sector importante de la población cree que el kirchnerismo es un gobierno autoritario y de izquierda, al que identifica en el imaginario que construyen los medios de comunicación con el “chavismo”. Considera que los conflictos del kirchnerismo con Clarín, las patronales agrarias, Repsol, la Justicia o cualquier otro factor de poder, se debe a un ansia del gobierno por acallar las libertades de prensa y de expresión, confiscar recursos, cuestionar la propiedad privada o eliminar la “división de poderes” y el “Estado de derecho”. En sus variantes más radicalizadas estos sectores consideran también que la reapertura de los juicios contra los genocidas representa una suerte de “revancha setentista”. Es decir que en lugar de ver un conflicto entre el gobierno y sectores del poder dominante, lo que observan es una relación víctima-victimario, de un lado un gobierno autoritario, del otro lado la “sociedad civil” y sus derechos avasallados por el Estado. Se identifican así con los sectores del poder y asumen como propias las luchas “del campo”, de Clarín, de los empresarios o de la corporación judicial. Este sector de la sociedad hegemonizó las protestas espontáneas de cacerolazos bajo el grito de “no queremos que Argentina sea una dictadura como Venezuela o Cuba”.
Otro sector de la población, también importante, se identifica por el contrario con las batallas que el kirchnerismo ha protagonizado contra estos factores de poder. Considera que las patronales agrarias se han enriquecido y defienden un interés privado y egoísta, que Clarín es un factor de poder de primer orden en nuestro país y que es necesaria una democratización de los medios de comunicación, que la recuperación de empresas como YPF son parte de las importantes deudas que aun tenemos que saldar con la herencia neoliberal y que el propio Estado debe ser reformado y democratizado.
Dentro de este sector muchos creen que el gobierno hace “todo lo que puede” hasta donde le da la “correlación de fuerzas”. Creen que el kirchnerismo es la expresión más avanzada que la Argentina de hoy puede dar. Otros que se sienten identificados en las banderas de lucha contra las corporaciones sin embargo no dejan de observar que el kirchnerismo ha sido funcional a las mismas que combate y también que mientras se pelea con algunas, realiza acuerdos con otras. Consideran que en términos generales, estos diez años no han sido aprovechados para impulsar una transformación estructural del país. Estos últimos probablemente han apoyado en elecciones pasadas a fuerzas de izquierda o centroizquierda que no se identifican con el kirchnerismo.
He aquí una forma de presentar la tan mentada “polarización” que vive el país. En la Ciudad de Buenos Aires el primer sector claramente ha encontrado una representación política en el macrismo. El PRO más que representar para esos sectores una fuerza de gestión de transformación positiva en la Ciudad, es apoyado por pararse en la vereda de enfrente del kirchnerismo en todos los planos, políticos e ideológicos. El segundo campo en cambio ha estado en disputa en esta ciudad. En 2009 Pino Solanas expresaba este clima social y sacó el 24% de los votos sorprendiendo a propios y ajenos.
Sin embargo la orientación elegida por Proyecto Sur y por las fuerzas que confluyeron en el FAP se alejaron de este campo y explotaron al máximo la contradicción de la polarización K – Anti K ubicándose en el segundo bando. Pino Solanas, al igual que los dirigentes del FAP, eligieron dialogar con el primer sector social mencionado y no con el segundo. Pararse desde el antikirchnerismo como primer definición política y querer representar la bronca de esos sectores. En la Ciudad de Buenos Aires esto significa no disputar la base social del kirchnerismo, sino la del macrismo. Se entiende así que su discurso pase fundamentalmente por la reivindicación del 8N y que el objetivo de esta mega alianza “progresista” esté más enfocado en arrebatar el senador al kirchnerismo que en disputar al macrismo.
La crisis actual en el espectro “progresista” es consecuencia de estas decisiones. El camino elegido tiene consecuencias. Libres del Sur anuncia un frente con la UCR e impulsa como figura al lobbista de los mercados financieros Prat Gay. Pino Solanas coquetea con Elisa Carrió y pone en crisis una construcción militante.
A la crisis del espacio “progresista” se le agrega la particular situación del kirchnerismo. El gobierno nacional ha elegido como estrategia no disputarle al macrismo la ciudad. No solo eso, sino que ha tenido una política que muchas veces sirvió para fortalecer la gestión del PRO. Los acuerdos en la Legislatura porteña son una muestra. Pero el electorado kirchnerista,  ¿quiere que los legisladores que los representan pacten con el macrismo o preferiría que trabajen para construir una alternativa al PRO?
De este análisis podemos desprender dos conclusiones importantes. La primera es la existencia de un enorme espacio vacante en la Ciudad. Tanto el kirchnerismo como el progresismo han dejado de representar a un importante sector de la población. Es posible ocupar ese espacio con una propuesta coherente que garantice una representación consecuente en la legislatura y no los pactos con el PRO y que asegure también una posición consecuente en el Congreso y no los pactos con la derecha o sectores de poder.
La segunda conclusión es que la brecha entre la política y la sociedad se ha ampliado. Todas estas maniobras y especulaciones que se tejen en el terreno de la política poco tienen que ver con las expectativas de la población y muchos lazos de estos “políticos de carrera” con las organizaciones sociales y populares se han lacerado. Miles y miles de ciudadanos son defraudados luego del voto y muchas organizaciones no están representadas. Es necesario entonces construir un espacio político que pueda postular su vinculación con los movimientos sociales, culturales y territoriales de la Ciudad.
La posibilidad para la izquierda independiente
Un conjunto de organizaciones políticas y sociales, entre las que se encuentra MAREA Popular,  venimos desarrollando una experiencia diferente a las mencionadas. Esta tiene como característica fundamental la apuesta por la construcción del poder popular, lo que define una perspectiva estratégica pero también una práctica cotidiana. La militancia cotidiana desde la base y el desafío de proyectar políticamente una propuesta que se mantenga bien cerca de la realidad que vive el pueblo.
Estas experiencias han madurado y hoy son muchas las organizaciones que coincidimos en la necesidad de dar la disputa política también en el plano institucional y electoral. Creemos que la proyección política y la disputa electoral tienen que servir para visibilizar y alimentar las construcciones desde abajo. El poder no está solamente en las instituciones, pero tampoco solamente en la calle. Es necesaria una articulación de los distintos planos en un nuevo proyecto de país que pueda ser apropiado por millones.
La disputa institucional desde este espacio no es solamente para alcanzar un cargo. Pero hacerlo sirve, y mucho. No debemos escapar a las reglas del juego que el propio sistema tiene. De la misma manera que aprovechamos a nuestro favor las herramientas legales o institucionales en los conflictos sociales, lo mismo debemos hacer en las elecciones. Pero por supuesto que nuestra participación en este plano no se reduce a jugar las reglas del juego. También incorporamos la crítica al funcionamiento mismo de estas instituciones y la necesidad de cambiar radicalmente la arquitectura del Estado.
Este arco de organizaciones populares puede expresar en las próximas elecciones una nueva experiencia política. El espacio político vacante que en la Ciudad dejan tanto el kirchnerismo como el “progresismo” nos presenta una oportunidad. La política le tiene terror al vacío, por lo que si ese espacio no lo ocupamos nosotros, otro lo hará. Aquí radica entonces no sólo la oportunidad, sino también la responsabilidad de nuestras organizaciones.
Nuestra política hacia las elecciones en la Ciudad de Buenos Aires
El Gobierno de la Ciudad ha decidido unificar las elecciones legislativas con las nacionales. Es decir que en las próximas elecciones se votarán en la misma elección senadores y diputados nacionales junto a legisladores de la Ciudad. En las elecciones en la Ciudad entonces, se discutirán sus problemas, pero también los grandes temas nacionales.
Construir un proyecto alternativo al macrismo no se puede limitar a la denuncia. No alcanza con decir que el gobierno de Macri es privatista y de derecha, hecho que a su vez no es tan evidente para un sector importante de la población. Creemos que es necesario desarrollar la crítica en base a los problemas estructurales: la desregulación del mercado inmobiliario, la desigualdad norte-sur, el avance del sector privado en salud y educación, la falta de una política integral de transporte, entre otros temas. Demostrar que los problemas de la Ciudad son consecuencia por acción u omisión del gobierno y que tenemos un proyecto alternativo que no se reduce simplemente a consignas abstractas de defensa de lo público, sino que se integra con propuestas concretas pensadas y diseñadas para la Ciudad.
En el plano nacional creemos perfectamente posible postular una alternativa a la política oficial sin caer en posicionamientos funcionales a los sectores de poder ni dejar de reconocer avances populares importantes. Es necesario plantear la necesidad de una transformación estructural de la economía basada en la recuperación de la soberanía nacional, que parta de la intervención estatal en el comercio exterior y atacar la restricción de divisas e inflacionaria por esa vía, así como limitar los niveles de rentabilidad de las principales empresas del país. Proponer una reforma tributaria progresiva y la reorientación del gasto social para potenciar políticas sociales distributivas. A su vez es necesario poner en debate el modelo productivo argentino, su excesiva dependencia de la soja y la lógica de saqueo de los recursos naturales en la Cordillera. Un programa económico debe estar a su vez acompañado por una transformación del Estado, democratizando su funcionamiento e incorporando mecanismos de participación popular. A su vez creemos indispensable seguir levantando las banderas de la democratización de los medios de comunicación, las reivindicaciones del movimiento de mujeres y por la igualdad de género y la necesidad de una política de integración latinoamericana de perspectiva emancipatoria.
Para lograr ocupar el lugar vacante y poder visibilizar la existencia de un nuevo espacio político, consideramos necesario conformar un frente lo más amplio posible. Este frente debe poder integrar a organizaciones políticas que nos encontramos en esta búsqueda pero también a organizaciones sociales, culturales y diversos espacios que hoy no encuentran representación en el escenario político. La práctica de la unidad supone integrar la diversidad. Dentro de este espacio amplio existen coincidencias fundamentales pero también diferencias y matices. Desde MAREA Popular estamos convencidos de la potencialidad política de un espacio unitario de todas las fuerzas que venimos encontrándonos en la práctica y acordando posicionamientos sobre distintos hechos de la realidad.
Finalmente, creemos que estamos en condiciones de conformar una propuesta no sólo coherente y atractiva para un sector importante de la población, sino también capaz de incidir seriamente en el terreno electoral. Para esto debemos integrar, además de las agrupaciones, a figuras o personalidades que ya sea por su trayectoria o por su representatividad, pueden acompañar y darle visibilidad a esta experiencia. Pero sin olvidar que los y las protagonistas de la construcción de un nuevo proyecto político somos los miles que ponemos el cuerpo, el corazón y la cabeza día a día para cambiar las cosas.

Editorial Revista Marea Popular Nº 3
22 de abril de 2013


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