El Espejo principal

jueves, 2 de mayo de 2013

Un día de locos

Por Matías Cremonte (*)



Hace pocos días asistimos al lanzamiento de la candidatura presidencial del actual alcalde de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri.
Ciertamente no lo hizo de manera convencional. Eligió mostrarle al país sus métodos de abordaje de la protesta social, y a sangre y fuego, ofrecerse como garante del orden, llamando a “no ceder ante los violentos”.

Afortunadamente, esta vez, las imágenes televisadas hablan por sí mismas. Quien quiso, pudo ver en el Hospital Borda a la Policía Metropolitana reprimiendo con balas de goma, gases lacrimógenos, y golpes de todo tipo a los manifestantes: trabajadores, enfermeras, médicos, pacientes psiquiátricos, periodistas, dirigentes sindicales de la Asociación Trabajadores del Estado, diputados, ocasionales transeúntes… nadie se salvó de la golpiza ni del mote, todos eran “violentos” de los que la policía se defendía.
¿Pero qué ocurría en el Hospital Borda para que tantos violentos se dieran cita allí?
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió que se edificará un Centro Cívico en el terreno donde se ubica un Taller Protegido (donde los pacientes son instruidos en oficios varios, tanto como laborterapia, como a modo de preparación para su externación).
El método ya está patentado: De madrugada llegan las máquinas topadoras, se valla el perímetro para evitar incidentes, y la policía metropolitana custodia el operativo. Si surge algún incidente, se reprime… y efectivamente así fue en esta oportunidad.
Durante horas no se supo quién había dado la orden ni quién estaba al frente del operativo. En vano dirigentes de ATE y varios legisladores exigían hablar con una autoridad para detener la represión. A poco de andar se supo que la orden era ilegal, en tanto existía –y existe- una medida cautelar que impedía al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires intervenir en los Talleres protegidos del Borda.
Fue tanta la gente que se dio cita para repudiar e intentar impedir la demolición del Taller, que llevó varias horas a la policía restaurar “el orden”.
Para ello no escatimaron balas ni golpes.
El saldo del operativo arrojó casi 50 manifestantes heridos, y 8 detenidos.
Estos últimos fueron trasladados a la Comisaría 4ta., en Parque Patricios, donde se congregó gran cantidad de gente a manifestarse contra semejante atropello y exigiendo su inmediata liberación. Las garantías constitucionales y las libertades democráticas fueron suspendidas de facto, y los abogados fuimos impedidos de ver a los detenidos durante varias horas. Cuando se nos permitió entrar, pudimos constatar la violencia ejercida por la policía, así como las condiciones en las que fueron encerrados.
El delito imputado es “atentado y resistencia a la autoridad”, extraño cargo cuando ninguna autoridad del Gobierno local se encontraba allí ni, supuestamente, se había dado orden alguna. Más aún, tratándose de un accionar ilegal el de la Policía Metropolitana -en tanto se encontraba vigente la medida cautelar que le prohibía intervenir-, no es delito resistirse, ya que no existía orden emitida por autoridad alguna con capacidad de dictarla.
Gracias a la presión social de la movilización, luego de 6 o 7 horas de encierro, los detenidos fueron liberados.
Golpeados brutalmente en la detención, y alojados en celdas como delincuentes, los “violentos” eran dos enfermeras –delegadas de ATE-, una dirigente del sindicato a nivel nacional, un médico psiquiatra del hospital, el padre de un paciente que había ido a retirar a su hijo, una fotógrafa, y dos empleados.
Fue fácil así reconocer a los violentos: vestían uniforme de policía.

(*) Abogado, Director del Departamento Jurídico de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE)

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